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El coro desmembrado

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Sobre el Día de la Mujer

En muchos mensajes por el Día de la Mujer que vi circular en Facebook y otros lados, se repiten dos ideas de las cuales discrepo: que no está bien decir "Feliz Día", y que hoy es el Día de las Mujeres Trabajadoras.  Respecto de la primera cuestión, desde ya que estoy en desacuerdo con la banalización y la mercantilización de la fecha, y apoyo las consignas que apuntan contra esos procesos. Ahora, habría que distinguir el justo señalamiento de la vileza y la frivolidad con que shoppings, chocolateros y florerías se apropian de este día de la lisa y llana condena a cualquier expresión celebratoria. Hoy he leído varias veces: "No digas 'feliz día'. Es un día de lucha, no de festejo", y francamente disiento. ¿Por qué, según esa consigna, la lucha y el festejo están necesariamente contrapuestos? ¿Acaso estamos tan imbuidos de neoliberalismo que solo podemos concebir la felicidad y la celebración como hechos banales? ¿Por qué no festejar la lucha y las conquistas ...

Canción de la soga y el aire

Ya se hizo de noche ¡Que comience el baile! Mi cuello de sierva Se quiebra galante.  ¡Resuenen las cítaras! ¡Yo bailo en el aire! Mi cuerpo de sierva Descansar no sabe Agítase entero Si el viento lo bate. ¡Retumben los címbalos! ¡Yo bailo en el aire! Una soga me alza El viento la tañe Y mis pies ligeros Marcan los compases ¡Canten los aedos! ¡Yo bailo en el aire! Dormirá mi cuerpo Cuando el viento amaine Y mi peplo blanco El rocío empape ¡Cuando el sol alumbre Mi pecho sin aire!

Canción del final de la jornada

La labor termina Al caer la tarde Cuando al sol la noche Una herida le abre Un paño es el cielo Impregnado en sangre A soltar las trenzas A desperezarse Las labores de hoy  Un dios nos las pague Un paño es el cielo Impregnado en sangre Los miembros nos pesan De cargar pesares Solo el peplo baila Liviano en el aire Un paño es el cielo Impregnado en sangre A vaciar los cántaros A callar ultrajes Que el sudor del día La tierra lo trague Un paño es el cielo Impregnado en sangre El sol ya derrama Sus rayos finales Sobre nuestra casa La luz se deshace Un paño es el cielo Impregnado en sangre

Canción del mar y la mañana

En el puerto el sol Las sombras deshace Velas blancas se alzan En las negras naves ¡Ay de lo que llega! ¡Ay de lo que parte! De dioses marinos Conversan los vates De guerras y ahogados Cuenta el navegante ¡Ay de lo que llega! ¡Ay de lo que parte! Algas al mendigo Perlas al mercante Lo que el mar entrega El puerto reparte ¡Ay de lo que llega! ¡Ay de lo que parte! El mar dadivoso Trae peces y amantes Trae borrasca y reyes El mar implacable ¡Ay de lo que llega! ¡Ay de lo que parte!

Romancillo

                                   A Mauro Fernández ​ Sutil se adivina Destellos tan solo ​ Avanza y acecha Desde un flanco y otro ​ Por fin acontece De tan raro modo ​ Que todo se vuelve Más alto, más hondo ​ Crepita, fulgura Adentro y en torno ​ Propágase presto Cada sitio un foco ​ Y abrasando a un tiempo La cima y el fondo ​ Se encumbra y se adentra Más alto, más hondo ​ Se inflama y convierte Lo recto en sinuoso ​ En ancho lo estrecho En mucho lo poco ​ Y al estallar hace  Sin saber bien cómo ​ Más alta la hondura Y lo alto, más hondo ​ Un rayo que arrecia La tierra de pronto ​ Se apaga y se enciende Del propio despojo ​ Un rayo que sube  Los aires remotos ​ Se pierde y retorna Más alto, más hondo

Poe, Dickens y Dostoievski. De umbrales y filiaciones

"El sol salió desde atrás de una nube: brillaba en el cielo, en la tierra, en el agua clara y en las gotas centelleantes de lluvia que había sobre las hojas. Había ojos por todas partes. El inmenso universo completo de luz estaba allí para presenciar el asesinato." Así describe el narrador de "Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II", de Dickens, el momento previo al crimen que comete: el asesinato de su pequeño sobrino.  El cuento guarda muchas semejanzas con "El corazón delator", de Poe. En ambos, un narrador cuenta en primera persona el crimen que cometió, que se hace especialmente horroroso por la indefensión de la víctima, su relación cercana con el asesino (comparten la casa con él) y la premeditación de este último. Hay, además, situaciones muy parecidas: los días previos al asesinato, los dos homicidas espían a sus víctimas mientras estas duermen; después de matarlas, las entierran en la casa o en un lugar cercano a ella (bajo ...