Escrito en febrero de 2022 No se siente el calor en el subte. Somos pocos en el vagón y el aire acondicionado funciona bien. Yo, que vuelvo a casa contenta, canturreo “Fera Ferida”, de Roberto Carlos. En mi portugués chapucero entono con insistencia dos versos que me gustan particularmente: “Eu sei que flores existiram/ Mas que não resistiram/ A vendavais constantes” (“Yo sé que existieron flores, / pero no resistieron los vendavales constantes”). Me parecen de una tragicidad perfecta. Un ser que supo guardar en su alma dones hermosos que luego las miserias le arrebataron. Pienso en personas que conozco, en el brillo que les vi perder tras un duelo espantoso o décadas de sometimiento a un trabajo de mierda. Pienso en Lennox, el amigo del detective Marlowe en El largo adiós, de Chandler. Cuando Marlowe se siente decepcionado ante su comportamiento entre inmoral e i...
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