Impresiones sobre la Biblia

II


    En el Éxodo, la forma en que se explica el comportamiento del faraón es paradójica. Más de una vez se dice que es el mismo Yaveh el que endurece el corazón del mandatario: lo hace inconmovible tanto a las súplicas de Moisés como al sufrimiento del pueblo egipcio por las plagas. También se dice de forma explícita que Yaveh actúa así porque la terquedad del faraón le da la oportunidad de reprenderlo aún más duramente. Es decir, Dios castiga el comportamiento que él mismo propicia. 

    Esto me recordó a la tragedia griega. Muchas veces, el héroe trágico cae en la desmesura por motivos que lo exceden (el desconocimiento, la locura, el encono de los dioses); aun así, debe hacerse cargo de las consecuencias de su desenfreno. 

    El Éxodo no es explícito sobre el destino del faraón. Se puede asumir que muere ahogado en las aguas del Mar Rojo, asunción confirmada por los Salmos. Pero si nos alejamos de la tradición bíblica y nos acercamos a la cinematográfica, cabe imaginarlo como un sobreviviente de la destrucción de su ejército. Si logra regresar a Egipto, acaso se parezca a Jerjes, el rey derrotado por los griegos en la batalla de Salamina y retratado por Esquilo en Los persas: un hombre otrora poderoso y ahora vencido por los designios celestiales y las circunstancias históricas, que debe asumir el peso de la derrota frente a su pueblo y su familia. 

    Y ahí está lo trágico, no solo de Jerjes o el faraón, sino de la condición humana: actuar siempre a tientas, con limitaciones, incertidumbre y condicionamientos; pero ser responsable de las propias acciones.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El coro desmembrado

El país de los vendavales

Poe, Dickens y Dostoievski. De umbrales y filiaciones