Impresiones sobre la Biblia

 V

Sigo leyendo la Biblia. Voy por el Libro Primero de las Crónicas, que hasta ahora se me hace cuesta arriba: una mezcla de genealogías confusas y paráfrasis de otros libros (Samuel, Reyes) sin el encanto de los originales. Para contrarrestar el hastío, voy a escribir sobre una historia de Jueces que me divirtió mucho: la de Sansón y Dalila.

Aunque es muy conocida, vale repasarla. Él, además de forzudo, es un elegido por Yahveh: uno de los últimos jueces israelitas e incansable luchador contra los filisteos. Resulta que se enamora de Dalila, y ella, sobornada por algunos de los enemigos de él, se empeña en que Sansón revele el secreto de su fuerza. 

Cuatro veces ella le pregunta. Las tres primeras, él la engaña, contestándole que sería vencido si se lo sujetara de determinada manera. Después de cada respuesta, mientras Sansón duerme, ella lo ata de la forma en que él le indicó, pero cuando él despierta se deshace fácilmente de la atadura. 

Ella le reprocha que él no le haya dicho la verdad; él finalmente cede: en la cuarta conversación, le confiesa que su fuerza está en su pelo, jamás cortado. Como es de esperar, cuando él duerme, ella le corta el cabello. Él se debilita, los filisteos lo apresan y lo ciegan. 

Casi todo es absurdo en esta historia. Las respuestas engañosas de Sansón dan a entender que él desconfía de Dalila desde un principio. Cada vez que ella lo ata, vuelve evidente la traición. Sin embargo, siguen juntos y la situación se repite. No solo eso: finalmente él le dice la verdad. ¿Cómo puede haber un juez tan mentecato?

Más aún, me resultó sorprendente la razón por la que él se sincera. Esto dice la Biblia de Jerusalén, que es la que estoy leyendo: “Como todos los días [Dalila] le asediaba con sus palabras y le importunaba, aburrido de la vida, [Sansón] le abrió todo su corazón” (Jueces, 16: 16).

¿Qué quiere decir que Sansón se confiese ante su amada porque está aburrido de la vida? A mí me suena a que está hinchado las pelotas. Es decir, tan fastidiado está él por la insistencia de ella que prefiere decir la verdad, aun a sabiendas del riesgo, antes que perpetuar la conversación.

He cotejado otras traducciones al español, y resulta que la que yo he leído es excepcional. Las demás versiones son más solemnes, y pintan a un Sansón profundamente perturbado. La Reina-Varela dice: “Y aconteció que como ella lo presionaba todos los días con sus palabras y lo importunaba, el alma de él fue reducida a mortal angustia”. Todas las otras que consulté dicen lo mismo o algo similar. 

¿Qué interpretación es más acertada? ¿Es Sansón víctima de la mortificación o del fastidio?

Busqué también traducciones a otros idiomas. La versión portuguesa O Livro dice: “E dia após dia ela insistia, de tal forma que, não podendo aguentar aquilo mais tempo, lhe contou o seu segredo” [Y día tras día ella insistía, hasta tal punto que, al no poder aguantarlo más, (él) le contó su secreto]. Esta versión definitivamente sustenta la tesis de que Sansón está fastidiado. 

Otros casos son más ambiguos. La Vulgata afirma: "defecit anima ejus, et ad mortem usque lassata est". Es decir que, según la versión en latín, el alma de Sansón estaba cansada o exhausta: esas son las traducciones habituales de “lassata” al español. Por otra parte, todas las traducciones al inglés que consulté dicen algo así como: “his soul was vexed unto death”. “Vex” significa irritar o perturbar, especialmente por asuntos triviales. 

Cansar, irritar, perturbar: todo esto puede connotar que Sansón está fastidiado (es decir, aburrido de la vida) o atormentado (o sea, reducido a mortal angustia). Sin saber siquiera un ápice de hebreo, tengo para mí que el texto original debe usar un término que aúne ambos significados, el tormento y el fastidio (algo como “agobiar” o “abrumar” en español), y que unos traductores se inclinaron por una interpretación mientras que otros, por otra. 

Creo también que la versión que primero he leído, “aburrido de la vida”, es por lejos la mejor, no por una exactitud que yo no podría juzgar, sino por su gracia. No solo me hizo reír cuando la leí por primera vez, sino que ahora su evocación me rescata del aburrimiento de las Crónicas, y me hace reparar en algo que se me antoja verdadero: a menudo, bien mirada, un alma presa de una angustia mortal no es más que un alma que tiene hinchadas las pelotas.

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